Inspectora Susa Buesa

La sección de Susa Buesa: Ejercicio de retrospección

Tiempo de lectura aprox: 1 minutos, 39 segundos

Yago Gallach regresa con uno de sus acertijos, de la pata de Susa Buesa, su investigadora de cabecera. En este caso, se trata de un ejercicio de retrospección. Este artículo se publicó primero en ‘Paterna al día’.

Ya estaba anocheciendo cuando los cuatro investigadores salían de comisaría. La calle todavía rezumaba calor. Calor juliano, calor de verano. Liuba y Mordedor se encaminaron hacia casa, paseando en silencio. Liuba, tratando de aproximarse al enigma. Y Mordedor, a sus consecuencias y significados.

—Me habría gustado continuar —reconoció Mordedor.

—Pero Ladrador tenía razón. Se nos había hecho tarde, y quienquiera que nos esté desafiando, acaba de redoblar la apuesta. Dejarlo por hoy ha sido una buena decisión. Ya sabes: «Si quieres vivir sano, hazte viejo temprano».

—¡Parece de la tía Rona!

—¡Parece!

—Bueno, Liuba, ¿qué te apetece cenar?

—Lo que sea, pero que esté bueno, Pedro. Bueno de sano. De tienda que sabes que ha apostado por cerrar al ponerse al lado de una dulcería. Ladrador resopló con una sonrisa. Astuta. Mordaz. Sabia. A cada poco la admiraba más.

—Bueno y poco —agregó Liuba— que de grandes cenas están las sepulturas llenas.

—¡Arrea lo que se aprende en Alpuente!

—No pienso seguir con más dichos ni tontunas, que refrán que no viene a propósito antes es disparate que sentencia. Y también estoy cansada —concluyó Liuba, mostrándole el problema restrospectivo que se traía entre manos.

—De acuerdo —reconoció Mordedor—: algo ligero y a dormir.

Y la noche fue liviana también. Amodorrada, suspendida, eterna. Como casi cualquier otra noche que ni termina de empezar ni de difuminarse luego entre las brumas del tiempo. El sol no, el sol todo lo aclara.

De tal guisa que a la mañana siguiente, casi como si no hubiese habido intervalo, en medio de otra anacrusa (que, por principios, ni puede estar en el medio ni ser final), en otro da capo de día soleado, ardiente y moliente, los cinco investigadores volvieron a ponerse bajo el chorro de aire del despacho, ¿oficina?, ¿gabinete? de la más perspicaz de todas las investigadoras de enigmas enigmáticos, problemas problemáticos y casos descasados, la inspectora Susa Buesa. Y sí, tal vez en la cabeza de Ladrador todo esto sonaba como una presentación más de un programa de televisión cualquiera, música electrizante mediante.

Pero esta vez había estado olisqueando un poco por su cuenta:
—Mira, jefa, confirmado, ya sé por qué ayer Liuba comentó que los resptrospectivos también reciben el nombre de ajedrez para espías, detectives e investigadores —comentó ufano Paco Ladrador, ¿blandiendo? Juegos y problemas de ajedrez para Sherlock Holmes de Raymond Smullyan—, acabo de sacarlo de la biblioteca.

Susa Buesa

—En este primer problema, por ejemplo, se lee: «Suponga que le dijera que en el siguiente tablero ningún peón llegó jamás a la octava casilla. ¿Me creería?». No sé vosotros, pero ya estoy empezando a entender por qué el ajedrez no sólo es un juego más. ¡El ajedrez es más que un juego! 

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Scroll al inicio