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Adiós a Ernesto Pérez Ramil, alma del ajedrez coruñés y pionero del deporte gallego

Ernesto Pérez Ramil, en primero a la derecha

Ernesto Pérez Ramil, en primero a la derecha

El cineasta y ajedrecista federado Xosé Zapata escribe sobre la muerte de un gran impulsor del deporte en Galicia. Entre los libros de Pérez Ramil destacan Iniciación ao xadrez (2008), Béisbol (2013) y O taboleiro lúdico.

El 15 de abril de 2026, el deporte y la sociedad civil coruñesa perdieron a uno de sus mayores promotores con el fallecimiento de Ernesto Pérez Ramil a los 56 años de edad. Tras una valiente lucha durante meses contra un cáncer que le fue detectado en el verano del año pasado, Ernesto (como lo conocíamos todos) deja tras de sí un legado imborrable, habiendo dedicado su vida a la promoción deportiva, la educación y la cultura en A Coruña.

​Un referente absoluto en el tablero coruñés

​Para la ciudad de A Coruña y para Galicia entera, el nombre de Ernesto es y será siempre sinónimo de ajedrez, y en este lugar el amigo Ernesto añadiría un buen apunte a la obra de Wilde

A nivel personal, lo conocí en una de sus innumerables facetas impulsando el ajedrez de base en la ciudad como director de la Escuela Universitaria de Ajedrez (Incude). Yo en aquellos años 90 iniciaba mi carrera cinematográfica y como alumno de la Universidade da Coruña organizaba ciclos de cine y actividades que hoy con internet nos parecen ya algo en vías de extinción: publicar revistas, proyecciones y en general divulgar la cultura, que en aquellos años no era tan accesible como en la actualidad.

Lo mismo pasaba con el ajedrez. En un mundo donde las grandes estrellas nacidas en y por internet como Faustino Oro nos dejan asombrados, no debemos olvidar que la transmisión de nuestra cultura ajedrecística fue durante muchos años cuestión de esforzados profesores y promotores como Ernesto, que se dejaban horas y desvelos en su labor de proselitismo del tablero.

Como dice nuestro lema, «Gens una Suma», y como amantes del ajedrez, Ernesto y yo conectamos enseguida en la universidad de los años 90, aunque yo estuviera más preocupado en esa etapa por ver las películas de Kurosawa que las partidas de Kasparov.

Ernesto fue uno de esos personajes que el ajedrez, la cultura y el deporte no podrán valorar nunca lo suficiente. Creó y presidió la Asociación Gallega de Ajedrecistas (Agax), creo la Sociedad Deportiva Palaestra y fue director de la Escuela Universitaria de Ajedrez (Incude). Llevó el ajedrez a lugares y centros educativos de toda la ciudad de Coruña, como el Calasanz, Dominicos, en el Sporting Club Casino, al Centro Comercial de Los Rosales, donde abrió una escuela o en la Coruña British School, con la que ganó campeonatos escolares en toda España. Se podría continuar hasta el infinito, ya que Ernesto era lo que se llama un «culo inquieto», y forjó iniciativas tan curiosas como la creación de la Federación Gallega de Béisbol.

El precursor del béisbol en Galicia

​Aunque el ajedrez fue su gran pasión pública, la visión deportiva de Ernesto iba mucho más allá de los tableros. En la década de los 90, Ernesto asumió el reto de convertirse en el primer presidente de la Federación Gallega de Béisbol. Como se ve, buscaba siempre los deportes mayoritarios en España, donde se mueven enormes cifras de negocio (apunte de retranca). Su labor fue clave para sentar las bases y promover un deporte que por aquel entonces carecía de infraestructura en la comunidad autónoma, demostrando su enorme capacidad como gestor y pionero.

​Su faceta como autor e historiador

​Ernesto también cultivó una notable faceta intelectual y divulgativa. Como autor, dejó publicadas diversas obras que reflejan la amplitud de sus conocimientos y aficiones. Entre sus libros destacan manuales deportivos como Iniciación ao xadrez (2008), Béisbol (2013) y O taboleiro lúdico, además de adentrarse en la investigación histórica local con obras como Historia del Deportivo, 1906-1930(2011), como no podía ser de otra manera Ernesto era del Depor y de la generación que vivimos el Súper Depor en A Coruña. Por fundar e impulsar, incluso fue uno de los fundadores como Licenciado de Historia de la Asociación de Historia y Cultura Militar del Noroeste. (La fotografía de arriba corresponde a ese momento).

Xosé Zapata, en Arzúa, frente a un tablero, su lugar favorito además de una pantalla de cine o una mesa rodeado de amigos.
Xosé Zapata, en Arzúa, frente a un tablero, su lugar favorito además de una pantalla de cine o una mesa rodeado de amigos

Y ese quizás es el mejor homenaje que podemos hacerle a Ernesto, recordarlo alrededor de una mesa con amigos, mientras confabulan para que los niños y no tan niños se interesaran por el ajedrez, la historia y todo lo bello que tiene la vida. La última vez que lo vi en persona fue en un torneo en Cambre que había organizado después de la pandemia, celebrado en la Casa de la Cultura-Villa Concepción.

Este sábado, pocos días antes de su muerte, jugaba con el Club de Xadrez Arteixo —un club detrás del que estuvo otra leyenda del ajedrez coruñés, Argimiro Penide Cedeira (Miro), otro personaje a recordar y venerar— la última partida de la Liga Gallega. En ese mismo lugar, una preciosa casa indiana de principios del siglo XX, pensaba en Ernesto.

En mi match, en el último movimiento de una partida «ganada», fallé y acabé perdiendo. Y ese es nuestro fallo más habitual, «pensar que tenemos la partida ganada», cuando siempre vamos a perder en el último movimiento. Ernesto Pérez Ramil se ha ido, pero su memoria seguirá presente en cada movimiento de piezas, en cada niño que descubre el ajedrez en A Coruña y en la historia del deporte gallego que él mismo ayudó a escribir. Descanse en paz.


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