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Magnus puede con Carlsen y logra otro doblete para la historia

Magnus Carlsen, en su día de locos. Foto: Anna Shtourman / FIDE

Magnus Carlsen, en su día de locos. Foto: Anna Shtourman / FIDE

El número uno remontó después de protagonizar una nueva tragedia en Doha. Luego se clasificó para las semifinales y logró su título número 20 como campeón mundial, en otra remontada épica.

Pensábamos que Magnus Carlsen había agotado el repertorio de desastres, pero en la segunda jornada del Mundial de Ajedrez Relámpago el noruego demostró que su genialidad solo es comparable a su facilidad para «generar contenido». Después de tirar su dama al suelo y de perder contra Erigaisi, en otro movimiento torpe, Carlsen arrampló con la mitad de las piezas que quedaban sobre el tablero, en su partida contra Haik Martirosyan. Con cuatro segundos en el reloj, su tropiezo le costó el punto entero y su clasificación quedaba en entredicho.

Hay mucho que explicar de lo que ocurrió en esos instantes de incertidumbre, aunque casi todo está a la vista. El árbitro, Chris Bird, decidió que el número uno debía perder la partida. El jugador se resistió, puso gestos de desacuerdo, pero acabó acatando la decisión y abandonó sin discutir más. El armenio le pidió perdón y se oyó que Magnus le decía: «No es tu culpa».

Lo cierto es que, con su torpeza de manos, Carlsen tardó demasiado en recomponer el tablero, y ni siquiera atinó a poner bien la posición. En la mente del árbitro, que estuvo firme, quizá rondaba la polémica surgida cuando el número uno volvió a dar un puñetazo en la mesa, después de perder su dama voladora y perder contra Erigaisi. No fue sancionado, al menos en público.

Levon Aronian se quejó: «No creo que debamos normalizar este tipo de rabietas» y Elisabeth Paehtz se puso de su lado, pero el más duro fue Nakamura, que explicó que la FIDE se inclina por Magnus porque «atrae a los ricos». «Luego viene el trato especial: siempre en la mesa 1, sin castigo por maltratar al personal, zona de descanso especial e incluso retrasan el evento cuando llega tarde. ¿Es esto igual y justo?». Parece como comprar un título mundial», añadió con acritud.

Remontada a lo Carlsen

Tocaba la remontada final, un clásico en la carrera de Magnus, quien ya solo cedió unas tablas en la última partida, contra Abdusattorov, que le valieron a ambos para entrar entre los cuatro mejores. El uzbeko intentó ganar, para asegurar y pase y dejar fuera a su rival más peligroso, pero se tuvo que conformar con el jaque continuo.

En la clasificación final, el mejor fue Arjun Erigaisi, con 15 puntos, seguido de Fabiano Caruana (14), Magnus (13,5) y un grupo de jugadores empatados a 13 puntos, entre los que quedó por delante, gracias al sistema de desempate, el propio Abdusattorov.

Semifinales

Una vez terminada la fase suiza, el Mundial cambiaba de formato y pasaba al clásico sistema por eliminatorias, a cuatro partidas. La primera enfrentaba al número uno y al tres de la clasificación de la FIDE:

Carlsen-Caruana

Magnus era muy favorito, pero el americano ha trabajado mucho para mejorar a estos ritmos de juego y plantó cara. las dos primeras partidas terminaron en tablas.

En la tercera, con negras, el jugador nórdico impuso su ley en un final de torres y se aseguró medio pase a la final.

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Caruana se enfrentaba a una misión casi imposible. Su defensa siciliana no era mala opción. Pronto sacrificó un peón. Carlsen levantó las cejas, pero no se lo comió. En cambio, lanzó todas sus piezas al flanco de rey. Le costó quedar por detrás en el reloj, pero su ataque fue sensacional, con un sacrificio de caballo incluido. Al final, 3-1 y pase a la final.

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Abdusattorov-Erigaisi

En la otra semifinal, Nodirbek se mostró implacable, mientras que el gran maestro indio, que había arrasado en la primera fase, no reaccionó igual de bien en el momento de la verdad.

El uzbeko ganó las dos primeras partidas con suficiencia y dejó casi sentenciado el duelo. En efecto, en la tercera partida, Arjun jugó sin fe, se quedó perdido y asumió unas tablas como mal menor.

Nodirbek Abdusattorov, fotografiado por Anna Shtourman, jugó la final contra Magnus Carlsen
Nodirbek Abdusattorov, fotografiado por Anna Shtourman

Gran final: Carlsen Abdusattorov

Con Nepo lejos de las primeras posiciones en los dos Mundiales celebrados en Doha, Carlsen se disponía a revalidar su título, que el año pasado acabó compartiendo con el ruso, en otro hecho insólito en el mundo del ajedrez, que recordarán hasta los más jóvenes del lugar.

En la primera partida, Abdusattorov tenía muchos problemas que resolver, pero el uzbeko nunca se acobarda; sacrificó un peón y su ataque fue más eficaz, en una carrera de peones de torre en la que el noruego fue demasiado optimista.

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En la segunda partida, Abdu jugó con la calculadora y no entró en la provocadora defensa Philidor de Magnus. Se llegó a un final que no podía estar más igualado, pero ya sabemos cómo se las gasta el noruego cuando no hay opciones. El uzbeko se lió y sufrió un golpe durísimo para su moral, en una de esas ocasiones rarísimas en las que pecó de conservador. También hay que decir que Magnus tuvo un 98,5 % de precisión, ¡en una partida relámpago y en la final de un Mundial! Y con todo lo que había pasado en los últimos días.

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Quedaban dos partidas. En la tercera, Abdu demostró que estaba bien preparado contra las carreteras secundarias que frecuenta el número uno, que sin embargo parecía tranquilo, después de su victoria anterior. La calma mo le bastó para ganar. Llegaban así a la última partida, con las blancas para Nodirbek, que se levantaba corriendo para mirar alguna línea.

Fue una española que tardó en romper. Abdusatorov sacrificó un peón a cambio de cercar al rey enemigo. Carlsen lo devolvió, pero luego se zampó otro, con los relojes temblando. Al uzbeko le temblaban las manos, con razón, porque Magnus mostró que en esas situaciones es implacable. Coló un truco descomunal y se llevó el Mundial, su título número 20.

Así fue la partida decisiva:

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Otros puntos de interés

Ya hablaremos de otras cosas que ocurrieron en Doha en estas dos jornadas, en especial de la actuación de los jugadores de habla hispana. Aunque no fue el mejor, merece una atención especial Faustino Oro, el azote de los nuestros. Ganó a casi todos. Candela Francisco, también argentina, tuvo otra actuación sensacional, como comentábamos ayer.

Mundial femenino

Bibisara Assaubayeva, campeona del mundo de ajedrez relámpago. foto:Lennart Ootes / FIDE
Bibisara Assaubayeva, campeona del mundo de ajedrez relámpago. foto:Lennart Ootes / FIDE

En la lucha entre las mejores ajedrecistas, llegaron a semifinales Eline Roebers, Bibisara Assaubayeva, Anna Muzychuk y Zhu Jiner. Sorprende que Goryachkina quedara fuera de combate. Pasaron a la final la ucraniana y la kazaja, que venía de jugar mal en el Mundial por equipos de Linares, parece que por problemas de salud.

Assaubayeva colocó una receta en la primera partida de la final, en la que se quedó con torre de más, a cambio de sufrir un ataque peligrosísimo. Esa línea era imposible de domar en directo, con tan poco tiempo. Muzychuk acertó a lograr tablas por repetición, con prudente sabiduría.

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En la segunda partida, Muzychuk encontró el antídoto para ganar un peón que parecía venenoso, pero luego cambió alfiles y el final de torres y damas era casi imposible de ganar.

En la tercera, la ucraniana estuvo incómoda con blancas, sus caballos dieron mil vueltas, en busca de casillas activas, pero las negras estaban cada vez mejor, yu con más tiempo. Bibisara ganó un peón, en un final de damas y una torre, en el que nunca es fácil convertir la ventaja. En efecto, Muzychuk cambió torres y volvió a encontrar un jaque continuo.

Anna Muzychuk, fotografiada por Lennart Ootes
Anna Muzychuk, subcampeona mundial, fotografiada por Lennart Ootes

Assaubayeva empezaba la cuarta partida con blancas. Repitieron apertura y la kazaja le metió un peón en el ojo a su rival, que acusó la presión. Anna aguantó varias bolas de partido, pero al final se dejó una torre y perdió el título.


La imagen que encabeza este artículo es de Anna Shtourman para la FIDE


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