César Estrada, en el torneo de Benasque de 2009

A mi buen amigo César…

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René Mayer escribe sobre el ajedrecista César Estrada, fallecido el pasado 1 de noviembre, a los 90 años. Medio siglo de amistad permiten al autor evocar la humanidad de un jugador muy querido, que fue campeón de España de veteranos y consejero de Hacienda en Andalucía.

Quienes estamos familiarizados con el mundo del ajedrez sabemos que funciona como una secta singular, sometida a normas sociales un tanto peculiares. Por citar un ejemplo que siempre me ha resultado sorprendente, ¡cuántos ajedrecistas hemos frecuentado en clubes o torneos, sin llegar nunca a conocer facetas esenciales de su vida privada o profesional, más allá de los puntos ELO que ostentaban!

Pues bien, con respecto a mi buen amigo César Estrada, que acaba de dejarnos el 1 de noviembre, día de Todos los Santos, estoy en medida de afirmar justo lo contrario: su faceta humana siempre prevaleció sobre la del ajedrecista. Prueba de ello, las largas conversaciones —a menudo acalorados debates— que animaron nuestros encuentros a lo largo de 50 años de amistad versaban más sobre política y literatura que sobre la eficiencia del gambito Benkö, que por cierto él practicaba con asiduidad…


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En la breve semblanza que sigue, me limitaré a evocar solo algunos datos personales humanos, profesionales y deportivos de interés que, a mi modo de ver, evocan mejor su figura que cualquier biografía suya, por detallada que sea.

Amante de la lectura

Ante todo, he de decir que César era un intelectual polifacético, animado por una curiosidad que le impulsó a no dejar de aprender y a estar siempre recabando nueva información a lo largo de su vida. Y era ciertamente ecléctico, porque sus lecturas abarcaban desde clásicos como Platón y Pascal a autores de ciencia-ficción como Ray Bradbury e Isaac Asimov, pasando por filósofos actuales como el esloveno Zizek, el alemán Sloterdijk y el coreano Byung Chul Han. Y era un lector tan empedernido que salía a menudo a pasear con un volumen bajo el brazo, que iba leyendo mientras caminaba…


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Si bien recuerdo, fue Chessar —así lo llamaba familiarmente— quien me dio a conocer la obra relevante del filósofo polaco Zygmund Bauman, que presentaba su novedoso concepto de sociedad líquida. 

Sobra decir que César era asimismo un hombre profundamente comprometido, que defendía sus ideas de izquierda a capa y espada, con una pasión sin ambages, como pueden corroborarlo todos aquellos que se atrevían a debatir con él para poner en duda la validez de sus convicciones políticas: era capaz de elevar la voz hasta poner el grito en el cielo —episodio alborotador que solía darse en bares o restaurantes—, pero afortunadamente su aparente y aparatosa ira se diluía en una risa cómplice al final de los apasionados enfrentamientos dialécticos que protagonizaba…

A este respecto, recuerdo una escena significativa que tuvo lugar hará 15 años en un céntrico restaurante madrileño, donde nos habíamos reunido cuatro ajedrecistas veteranos. En manifiesta disconformidad con la visión conservadora del conocido ajedrecista E. Benito, César no se cortó ni un pelo —así de directo era— para soltarle durante la sobremesa: «Eladio, no tienes solución: eres una excelente persona, pero un pésimo ciudadano…».

César Estrada, retratado por María José Acosta (Moratalaz, 2023)
César Estrada, retratado por María José Acosta (Moratalaz, 2023)

Por otra parte, sus amplios conocimientos de economía y derecho lo convirtieron pronto en un profesional tan respetado como solicitado. Subió los peldaños administrativos hasta ser nombrado subsecretario de Educación —encargado de gestionar los presupuestos de todos los centros educativos españoles— en la sede ministerial de la calle Alcalá. Más tarde, en los años 80, el socialista De la Borbolla lo eligió para asumir las funciones de consejero de Hacienda en la Junta de Andalucía, razón por la cual se fue a vivir a Sevilla. En el año 1987, le fui a visitar con ocasión de la celebración del Campeonato Mundial entre las dos K en el hermoso Teatro Lope de Vega.

Tras su jubilación, cabe añadir que César dedicó su tiempo a redactar una extensa obra  titulada Economía y Estado, que iba modificando en base a apuntes y citas de economía política siempre renovadas, con numerosas referencias a economistas como Karl Polanyi y Thomas Piketty, que le servían de inspiración.

Trayectoria ajedrecística

He dejado adrede para el final su faceta de ajedrecista inveterado. Sé que Chessar empezó a interesarse por el Noble Juego en sus tiempos de estudiante, cuando a finales de los años 50 pasó delante de un club de ajedrez que llamó su atención. Sin embargo, él tenía la convicción —y lo repetía a menudo— de que el ajedrez es demasiado amplio para ser un juego y demasiado escaso para ser una ciencia.

Estrada, en 2016, con el historiador Joaquín Pérez de Arriaga
Estrada, en 2016, con el historiador Joaquín Pérez de Arriaga

No tardó mucho tiempo en convertirse en un temible adversario que participaba en torneos y frecuentaba el club Maira y el Bellas Artes, donde se reunían fuertes jugadores de la talla de Sanz, Sicilia, Arrupe, Sorribes, Fuentes, Lizarraga, Puente y Gete, por citar unos cuantos.

Le encantaba disputar partidas rápidas a 5 minutos y, en clara oposición a su ideología anticapitalista, ¡tanto mejor si se podía  apostar doblando, redoblando y contrarredoblando la apuesta inicial de 25 pesetas!

Sirvan de testimonio sus interminables sesiones nocturnas con incombustibles adversarios como el famoso doctor —he olvidado su nombre—, el maestro Hernandito (José Carlos), y el astuto y rapídisimo malabarista Óscar do Brito.

Dicho esto, era ciertamente un jugador fortísimo —su ELO máximo rozó los 2300 puntos— dotado de un excelente sentido posicional, que llegó a disputar y ganar el Campeonato de España por equipos con el club Chardenet en 1960 y 1963. En una época más reciente, ganó el Campeonato Veterano de Madrid en 2006 y el de España de Veteranos +65 en 2016.

Se puede afirmar que no le temblaba el pulso cuando se enfrentaba a jugadores titulados, en teoría superiores. Así lo demuestran las valiosas tablas que logró frente a los GM Renier Vázquez (2428) en 2002, Evgenij Ermenkov (2475) en 2005, Daniel Cámpora (2583) y Bogdan Lalić (2494) en 2010, o los MI Hans-Joachim Hecht (2389) en 2004, Boris Arkhangelsky (2355) en 2007 y Jan Rooze (2307) en 2017.

(Los lectores interesados podrán encontrar y reproducir dichas partidas en Chess.com)

A modo de conclusión, solo diré que con el amigo Chessar se nos ha ido no solo un excelente y erudito compañero ajedrecista sino, lo cual es menos frecuente en nuestros días, un ser humano tan íntegro como consecuente con sus ideas.

Podemos ver una de sus victorias, del Europeo Sénior de 2011, contra Alexander Vikulov (2316).


Todas las imágenes han sido hechas o cedidas por René Mayer. En la fotografía que encabeza este artículo, vemos a César Estrada en el torneo de Benasque de 2009.

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4 comentarios en “A mi buen amigo César…”

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