El argentino perdió el duelo contra el número uno, pero le hizo tres tablas en ocho partidas y le ganó por primera vez al ritmo de 3+0
Hay noticias más trascendentes que esperan salida, pero me parece una noticia excelente para sacudirme las vacaciones de encima. Faustino Oro, de 12 años, le ha ganado a Magnus Carlsen una partida rápida. Muchos recordarán que el argentino ya venció al noruego en su primer enfrentamiento, en una partida relámpago (1+0), pero esto es una nueva pantalla que supera el muchacho. Enseguida mostramos la partida.

No veo motivos para esconder mi admiración por Fausti, un ajedrecista que sigue quemando etapas a una velocidad que no deja de sorprender. Su partida contra Magnus se enmarca en un duelo amistoso entre ambos, en la plataforma Chess.com, celebrado el pasado lunes, 24 de agosto. Jugaron 8 partidas y ganó el mejor, por 4-1 y tres tablas. Pero si alguien cree que ese «gol» es poca cosa, es que no sabe de ajedrez.
El ritmo era muy alto: 3 minutos para toda la partida, sin ningún incremento. Mantenerle el pulso al mejor jugador de la historia —¿mejor deportista incluso?, un debate que ya he visto planteado por ahí— está al alcance de muy pocos. Lo asombroso es que el pequeño Oro, de solo 12 años, sea capaz de competir en esas condiciones. El segundo gran maestro más joven de todos los tiempos parece capaz de cualquier cosa. Sin ir más lejos, en Chess.com, tiene casi el mismo Elo que Carlsen, en partidas rápidas: 3280 para Fausti, y 3297 para Magnus.
Así fue victoria de Faustino
Veamos la partida que ganó Oro, en la que planteó un ataque indio de rey contra la defensa siciliana del tipo que más campeonatos del mundo atesora.
Carlsen, en todo caso, nunca vio peligrar su triunfo global. Ganó la primera partida, con negras, demostrando que sabe más que su rival, aunque en la segunda llegó a estar perdido. Quizá con incremento habría terminado de otro modo y el argentino habría logrado al menos unas tablas.
En la tercera, empezó a cambiar la historia. El número uno presionó en busca de su tercera victoria, pero cedió su primer empate, resultado que se repitió en la cuarta partida, esta vez sin demasiado sufrimiento para el pibe, que empezaba a pillarle el tranquillo.
Y en la quinta llegó la sorpresa, que además apretaba el marcador. Para confirmar el cambio de tendencia, Oro volvió a dominar en la sexta, pero no se atrevió a lanzarse a por su rival, en un final incierto, y se conformó con unas tablas por repetición. Puede que le pesara después, que se sintiera colmado en sus expectativas, porque luego perdió las dos últimas. Su oponente logró desorientarlo con un juego poco ortodoxo, que recordó al de la primera partida del duelo.
Control de las aperturas
Además de su experiencia, impagable, y de su victoria, histórica, otro triunfo para Faustino fue el modo en que salió de las aperturas. Casi siempre lograba una posición sana o incluso una pequeña ventaja después de los primeros movimientos. Es cierto que Carlsen buscaba sorprender y sacar al chico de lo aprendido, más que asegurar la superioridad desde el principio.
Habrá que seguir sus próximos enfrentamientos y, por supuesto, la evolución de Faustino Oro, que mantiene su línea ascendente en todos los ritmos de juego. Como le dijo Carlsen no hace mucho, después de invitarlo a Oslo, «algún día, Messi será feliz de ser comparado contigo».
En la imagen de arriba, Faustino Oro y Magnus Carlsen, en las oficinas de Take Take Take en Oslo


