El argentino, hijo y hermano de ajedrecistas, logra en el Leyendas y Prodigios de Madrid una norma de GM, la primera que consigue un jugador de su familia. «No veo a Faustino como un rival», asegura.
Francisco ‘Pancho’ Fiorito es un chico extremadamente calmado. Él mismo destaca que una de sus cualidades es la frialdad con la que se enfrenta a los problemas del tablero. En Madrid acaba de conseguir la primera norma de gran maestro, con 15 años, en el torneo B del Leyendas y Prodigios (David Antón ganó en el grupo A). En estos tiempos, su edad no es un récord de precocidad, pero sí la demostración de que el trabajo va por buen camino. Además, es la primera norma que consigue un ajedrecista de su familia, donde se vive el ajedrez de una manera especial. Ni su padre, Fabián, ni su hermano mayor, Joaquín, habían logrado ninguna. Hablamos con él justo después de la entrega de premios celebrada en la Nave Bellver.

Para Francisco Fiorito, jugar al ajedrez era casi inevitable. Comenzó a porque su padre era jugador y profesor, y enseguida se enganchó. «Me llamó mucho la atención, sobre todo. Mi padre organizaba algunos torneos que se llaman «Escuelita», en Argentina, y empecé a jugar desde ahí».
—¿Te has sentido especialmente a gusto en Madrid o siempre juegas así de bien?
—Me sentí a gusto, la verdad. Me gustó como jugué.
—¿Pasaste por algún momento difícil?
—Sinceramente, no hubo un momento difícil. Siempre estuve focus, pensando que podía conseguir la norma.
—¿Te habías preparado mucho de forma específica para este torneo?
—Sí, es lo normal, aunque hubo un cambio de un jugador a última hora, al no venir Marc Barceló, pero tenía vistos a los participantes antes del torneo.
—¿Te preocupaba alguno especialmente?
—No, ninguno. Creía que podía ser un buen torneo, pero me sorprendió Helena Li Chen, que fue también a Barcelona y tiene muy buen nivel.
Ajedrez en la sangre
Fiorito cree que lo normal en su caso era empezar a jugar al ajedrez, porque creció en un entorno «donde se respiraba ajedrez». ¿Cualquiera que hubiera crecido en tu casa se convertiría en MI, como mínimo? «Depende mucho. No creo mucho en el talento, sinceramente. Creo más en el esfuerzo y la disciplina. Y yo, sobre todo en pandemia, estudiaba muchísimo y jugaba muchísimo. Así que sí, obviamente tenés que tener algunas facilidades, pero el talento no creo que te lleve solo a conseguirlo. La pandemia me sirvió mucho porque, al estar encerrado, no podía hacer muchas cosas y tenía tiempo libre para estudiar y jugar».
El MI Fabián Fiorito, su padre y único entrenador hasta el momento, se mantiene lejos mientras se desarrolla la conversación. No quiere interferir en las respuestas de su hijo. ¿Necesitarás un gran maestro como entrenador en algún momento? ¿Lo tenéis hablado? «Por ahora no, pero sí creo que en un futuro, obviamente, para progresar tenés que ir probando varios entrenadores. Mi meta ahora es ser GM. Me faltan dos normas más y es mi objetivo más próximo. No tengo pensado ningún plazo. Si se tiene que dar, se va a dar y el tiempo hablará por sí solo».
Los Fiorito viven en Valencia. Antes estuvieron en La Palma. La isla canaria le gustaba, pero era más complicado ir a los torneos. «La vida española me gusta», apunta. «Aparte, es una cosa completamente distinta a la argentina».
—¿Cuáles es tu mayor punto fuerte?
—Creo que soy alguien bastante frío, que si pierde o está teniendo una mala racha no va a empeorar, sino que va a ir tratando de jugar partida a partida.
—¿Tu padre y tu hermano también son así?
—Mi padre no sé, sinceramente, pero mi hermano es todo lo contrario a mí. Creo que es una persona que si pierde una partida luego va a poder ir en caída.

Nueva etapa para Pancho Fiorito
Para Fiorito, se abre una nueva etapa, que no ha podido empezar con mejor pie. Acaba de terminar la ESO y quiere probar con el ajedrez, dedicar al tablero todo su tiempo. «Es muy difícil mantener los estudios con el ajedrez, lleva muchas horas del día y tenés la cabeza en otra cosa». Tampoco se planteó nunca dedicarse a algo distinto, por otro lado: «Siempre pensé que mi vida iba a ser el ajedrez». Ni siquiera el fútbol le interesa demasiado y no es un fanático, aunque le gusta verlo y jugar al FIFA. «Apoyo un poco al Barcelona, pero me da igual, porque yo soy de Boca Juniors, de Argentina».
En su cabeza tampoco está tratar de vivir ya del ajedrez, aunque cree que si llegara a GM podría empezar a planteárselo. De momento es algo lejano, porque «tendría que llegar a dar clases y cosas así», que no es su «afán». «Prefiero progresar más en mi nivel ajedrecístico y, si tengo que llegar a independizarme, lo haré a su debido tiempo».
Hasta ahora no tenía un horario fijo. «Eso creo que es muy malo, pero ahora que terminé el colegio puedo adaptarme a una rutina, que es lo que voy a hacer». Lo que sí hace en casa es respirar ajedrez todo el día: «Es constante. Mi hermano y yo hablamos y jugamos partidas amistosas. Para progresar es muy bueno, porque todo el tiempo estás en contacto con el cerebro y no perdés el foco».

—¿Él está picado con que tú lo hayas adelantado?
—No creo, no hay competitividad entre nosotros. Él aspira a ser gran maestro, porque también es joven. Ahora está jugando torneos cerrados y vamos a jugar uno juntos, de hecho, para tratar de conseguir norma de gran maestro.
Fiorito cuenta que entre ellos suelen hacer tablas, pero ¿qué ocurriría si uno necesita ganar para conseguir un premio o salir campeón? «Hubo una anécdota bastante buena en la semifinal del campeonato argentino, que sirve para clasificarse para el campeonato absoluto. Nos toca en la última ronda y el que gana clasifica a ese torneo. Llegamos a un final que duró como 5 o 6 horas, y terminó en tablas. Ninguno clasificó. No acordamos nada. Jugamos la partida y pensamos: que pase lo que tenga que pasar». Recuerda a las tablas «matrimoniales» entre Olga Alexandrova y Miguel Illescas, que les privaron del título de campeón de España.
El menor de los Fiorito también se define como una persona poco amiga de las fiestas: «Prefiero quedarme en casa haciendo otras cosas, pero soy un chico normal. Mucha gente piensa que como estudio mucho ajedrez y estoy mucho tiempo encerrado en casa, soy antipático, pero todo lo contrario. Creo que tienen una muy mala imagen de los ajedrecistas. Sinceramente, creo que soy una persona común y corriente, que simplemente juega al ajedrez».
Posible rivalidad con Fausti
—¿Cómo ves a Faustino Oro?
—Obviamente, yo me alegro porque al fin y al cabo es un compañero. Tal vez incluso podría jugar en las Olimpiadas con él. No lo veo como un enemigo, contra alguien que tenga que competir. Creo que no es un rival. Me parece muy bien que esté haciendo las cosas bien.

—¿Para un ajedrecista joven es posible progresar sin salir de Argentina?
—Es difícil estando allá, porque no hay las mismas oportunidades. Obviamente. no hay los mismos torneos. Las cosas son más difíciles en Argentina.
—¿El problema es por la situación geográfica?
—La situación geográfica y la económica, sobre todo. No hay los mismos recursos ni el mismo apoyo que hay en España.
—¿Fue difícil dejar tu país con 13 años?
—Sobre todo dejar a los amigos, familia, costumbres…, pero al fin y al cabo es algo que se tenía que hacer y que me benefició mucho. Sinceramente, me lo tomé bien. No tuve problemas en ese ámbito o en socializar, porque se me dio bien.
—¿Tienes novia?
—No, no, no. Por ahora no me interesa. No me importa eso.
—¿Qué más te gusta aparte del ajedrez?
—Me gusta el fútbol y me gusta mucho la magia. Hago magia con cartas. Mi padre también ha hecho algo de eso.
Sobre sus series favoritas, Fiorito cita títulos como ‘Breaking Bad’ y ‘El Mentalista’. Dentro del ajedrez, sus ídolos son Magnus, «obviamente», Kasparov y Fischer. «Me gustaba mucho de chico, por su manera de atacar. Su estilo de juego para su época era buenísimo». Por su parte, se nota que tener un padre ajedrecista le ha ayudado a conocer a los clásicos y el ajedrez de otras épocas. «Él es maestro internacional y estuvo en las Olimpiadas y me sirvió mucho todo su conocimiento», remata.
Fotos: FMB / Damas y Reyes



