Inspectora Susa Buesa

Un respiro para todo el equipo

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Siguen las aventuras de Susa Buesa de la mano de Yago Gallach, quien hoy nos ofrece la solución del último problema planteado, otro ejemplo de «ajedrez para detectives». Este artículo vio la luz primero en ‘Paterna al día’.

—¡Para! —lo detuvo Susa—, creo que nos merecemos un pequeño descanso. Lo mejor es que lo meditemos todo en una piscina. Podemos conversar sobre lo humano y lo criminal mientras tomamos el sol…

—O el sol nos toma a nosotros… —mordió el mordaz Mordedor.

—En las colchonetas, sobre el agua de la piscina…

—¿De mi tía Rona?

—¡¡No vemos por qué no!!

—¡Sea!

Y fue. Se subieron al coche y en nada llegaron a La Cañada, con sus calles numeradas.

—Deberían estar en números romanos o en código binario—anotó el agente Pedro Ladrador—, sería mucho más entretenido.

Entretanto, la pobre Liuba no atinaba a entender cómo era posible que todos (deducía) hubiesen accedido tan rápido («Gente fácil, veloz, dispuesta») al plan de la colchoneta. «¿Acaso llevaban bañador y toalla y chanclas y crema solar?» (lo pensó así, sin pausas ni comas). «¿Formaba parte de la indumentaria del buen investigador mediterráneo?».

—¡Por fin vais a conocer a mi famosa tía Rona! —dijo el bueno de Ladrador mientras detenía el coche con suavidad—. ¿Lo lleváis todo?

«¿Todo? ¿A qué se refiere?».

—¡Allá vamos! Tengo llave de su chalé. Y libertad para venir cuando quiera y con quien quiera, aunque no abuso. 

La parcela parecía tranquila. Sólo la piscina ronroneaba a su aire al fondo, brillando al sol bajo unas cuantas palmeras. 

—¿Tía? ¿Tía Rona? —llamó Ladrador—. ¡Soy Paco! —y, dirigiéndose a sus tres compañeros, indicó—: No veo su coche. Puede que haya salido. Bueno, vamos a la piscina. 

Tres tumbonas, una mesa y cuatro sillas de exterior (con su sombrilla), palmeras y grama. Y un par de colchonetas. Decoración agradable cuando el de arriba aprieta. 

—Mesa de madera, sombrilla blanca: todo muy cuco —reconoció la inspectora Buesa.

Ladrador señaló una caseta a su izquierda.

—Ahí tenéis un aseo y a la derecha hay una ducha.

Al poco —salvo Liuba (de naturaleza serrana)—, Susa Buesa, Pedro Ladrador y Paco Mordedor estaban en bañador y dispuestos a relajarse. O a tomarse el día de otra manera.

Paco, distendido, volvió a repetir su ejemplo de ajedrez para detectives:

Paterna al dia 19

—Dice así: «Suponga que le dijera que en el siguiente tablero ningún peón llegó jamás a la octava casilla. ¿Me creería?».

—Este lo veo hasta yo, Ladrador —dedujo Susa—. Estando los peones blancos en b2 y d2, el alfil blanco de casillas oscuras ha caído en su casilla de origen, c1. El alfil que vemos, por lo tanto, debe venir de una promoción en b8, d8, f8 o g8, de modo que al menos un peón ha llegado a la octava —e hizo una larga pausa mientras se recogía el pelo—. El problema que me preocupa es el que está tratando de descubrir Liuba.


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