Caricatura de G. Kovanov sobre el Mundial entre Tal y Botbinnik de 1961. Imagen: Museo Abierto del Ajedrez / FIDE

La FIDE estrena su museo virtual del ajedrez: merece un paseo y muchas mejoras

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El Open Chess Museum es un espacio todavía incompleto pero apasionante

El Museo Abierto del Ajedrez (Open Chess Museum) es una buena iniciativa, que no estaría mal replicar en España. Hay gente que lleva años luchando por un espacio para montar uno físico, empeño loable pero con apariencia de quimérico, y esta solución resuelve muchos problemas. En Damas y Reyes nos hemos dado un garbeo por el Museo y lo que hemos era interesante. Queda mucho por hacer, pero en estos casos lo más importante es dar los primeros pasos.

El Museo del Ajedrez llega un año después del centenario de la FIDE, que ofrece así acceso a su historia, «desde la antigüedad hasta los torneos modernos». El objetivo es que se convierta en «el repositorio de objetos de ajedrez más grande del mundo, mostrando artículos valiosos de todas las épocas y rincones». Según el presidente de FIDE, Arkady Dvorkovich, este proyecto ofrece «una perspectiva más cercana y profunda sobre el ajedrez» y refleja «el impulso más amplio de FIDE hacia el compromiso digital con el público».


Cartel del IX Open de Semana Santa San Vicente del Raspeig

Veamos un poco más sobre su contenido. En una de las «salas», nos cuentan, por ejemplo, que la Federación Internacional de Ajedrez nació el 20 de junio de 1924, con la participación de un puñado de países: Argentina, Bélgica, Gran Bretaña, Hungría, España, Italia, Canadá, Países Bajos, Polonia, Rumanía, Finlandia, Francia, Checoslovaquia, Suiza y Yugoslavia.

¿Qué puede encontrar el visitante del museo? Un poco de todo: planillas de grandes campeonatos clásicos, trofeos y objetos personales de los ajedrecistas más relevantes de la historia, datos y anécdotas sobre los principales campeones, fotos y vídeos, en este caso todos del siglo XXI. Es una pena no contar con grabaciones más antiguas, que se pueden encontrar en otras fuentes fácilmente.

La FIDE ha hecho un considerable esfuerzo por clasificar todo este material, aunque como es natural y sucede casi en cualquier museo, algunos de los mejores hallazgos se producen después de un recorrido que también puede ser caótico. Entre las fotos, las más antiguas son de los años 30, con Alexander Alekhine como gran protagonista.

En este sentido, podemos ver también una imagen de un juego perteneciente a Alekhine, una foto con su gato, un siamés llamado Chess, algunas planillas (destaca una en español de su duelo contra Capablanca, en 1927), copias de sus artículos en prensa e incluso una carta abierta sobre su supuesta autoría de su serie ‘El ajedrez judío y el ario’, unos textos antisemitas de 1941 que siguen dividiendo a la opinión pública.

Artículo en el que Alekhine niega su colaboración con los nazis. Fuente: Museo del Ajedrez de la FIDE
Artículo en el que Alekhine niega su colaboración con los nazis. Fuente: Museo del Ajedrez de la FIDE

En este documento, Alekhine no solo asegura que no tiene nada que ver con los artículos antisemitas, sino que explica su comportamiento en aquellos años tan duros: «Nunca he tenido nada que ver con el gobierno nazi, ni con sus oficiales. Jugué en Alemania y en los países ocupados porque era no solo mi medio de subsistencia, sino también el precio de la libertad de mi esposa», afirma. El debate sobre su comportamiento ha dado pie a libros enteros, así que no lo vamos a resolver ahora en unas pocas líneas.

Otro personaje controvertido es Bobby Fischer, sobre el que hay mucho menos material, pese a ser más reciente. Entre los objetos que exhibe el museo, llama la atención la planilla de su partida contra Paul Benko en el torneo de Candidatos de Curaçao, en 1962. La letra del genio no augura nada bueno.

planilla fischer benko curacao 1962

Es asimismo apasionante, aunque esquemática, la sección dedicada a la historia del ajedrez. Un mapa interactivo sitúa los orígenes del juego en la localidad india de Kannauj, en el año 550 a. C. Según este museo, en el año 882 llega al Califato de Córdoba y luego salta a Cataluña, pasando de puntillas por Valencia y sin considerar otras ciudades españolas, y después de saltar a las Américas regresa a Madrid, en la Corte de Felipe II, en 1575.

Seguramente, en este y otros apartados los historiadores tendrán ocasión de rebatir o matizar algunos datos. En general, el Museo Abierto del Ajedrez intenta huir de las polémicas, aunque es imposible sortear todos los charcos.

Apartado de injusticias del museo

Y ya que estamos y tenemos reciente la biografía de Susan Polgar, el museo resume su carrera en unas pocas líneas, sin la menor alusión al maltrato recibido por la ajedrecista húngara, por parte de su Federación y de la FIDE. A cambio, se ofrece un pequeño test para tratar de adivinar sus jugadas en una de sus partidas contra la campeona derrocada, Maia Chiburdanidze.

Peor aún es lo que ocurre con su hermana Judit. De la mejor ajedrecista de la historia apenas hay una sola entrada. Es una imagen de su firma juvenil, acompañada por una mísera leyenda: «Grandmaster, the strongest female player of all time, 1976». Tampoco es que Vera Menchik, primera campeona del mundo, merezca mucho más espacio en este museo, que sin duda alguna tendrá que crecer mucho todavía para estar a la altura de su propósito.

La FIDE es consciente de ello, como atestigua esta afirmación: «El Museo Abierto del Ajedrez pretende ser un proyecto en constante evolución. La Federación Internacional está invitando a otros coleccionistas, galerías, federaciones nacionales, clubes y jugadores a unirse y tener sus colecciones y objetos destacados en el mismo sitio web».


La imagen de arriba es una caricatura de G. Kovanov en la que podemos ver a Mijail Tal y Mikhail Botvinnik retratados como boxeadores, en su encuentro por el Campeonato del Mundo de 1961. El segundo había perdido el título a manos del genio de Riga un año antes, pero lo recuperó en el duelo de revancha.


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