Liam Caballero, otro joven español con un título mundial escolar. Foto cedida por su padre, Salvador Caballero

Liam Caballero, otro niño español campeón del mundo

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Los alumnos del Hamelin-Laie International School de Barcelona ganaron el torneo por equipos y el individual, en un torneo escolar con más de mil participantes. Liam Caballero, que también es un as del taekwondo, fue la gran estrella.

Además de Marc Barceló, una estrella muy conocida por méritos propios, hay más españoles de su generación con algún título mundial. Liam Caballero es otro ejemplo de la prometedora cantera de la que disfruta nuestro país. Hace unas semanas, vivió una aventura inolvidable junto con sus compañeros del Hamelin-Laie International School de Barcelona. Su equipo sub-11 ganó el campeonato mundial escolar en el torneo global de Nord Anglia Education y Liam logró después el oro individual.

Lo más sorprendente de este chico es que alterna el ajedrez con el taekwondo, donde también es una máquina. Dentro de los tableros, Liam Caballero Mogilnikov ya era un ajedrecista a seguir, ya que ha ganado varios campeonatos de Cataluña y de España por edades. Su especialidad es el ajedrez rápido.


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El título mundial no es una prueba oficial de la FIDE, pero participaron más de 1.100 estudiantes de 60 colegios internacionales. En el siguiente enlace se pueden ver las partidas del torneo por equipos y en este las del torneo individual. Todas se jugaron a través de Lichess, con una serie de medidas para evitar las trampas «bastante avanzadas».

Medidas antitrampas

El entrecomillado es de Jordi Morcillo, subdirector de Primaria y responsable de ajedrez de la escuela donde estudia Liam. La conversación, por videoconferencia, incluye al propio jugador y a su padre, Salvador Caballero. El profesor explica en qué consistían las precauciones para evitar irregularidades durante las partidas:

«Aparte de tener Lichess activado, había una conexión por Zoom, para mostrar la pantalla y comprobar que no hubiera ningún programa extra, ni micrófonos abiertos. Cada uno de los cuatro alumnos jugaba con un ordenador y yo tenía el mío, enfrente, con otra conexión de Zoom para que vieran que no tenía ningún móvil».  

En realidad, lo más difícil para muchos fueron los horarios. Al tratarse de un campeonato del mundo, los americanos tenían que conectarse muy temprano, mientras que para los jugadores del Extremo Oriente era muy tarde. Los cuatro mejores equipos de cada zona horaria y los cuatro mejores jugadores de cada fase iban a la final individual. Después de la emoción del torneo por equipos, donde los españoles tuvieron que remontar, Liam Caballero ganó todas sus partidas en el individual.

Jordi Morcillo, profesor de ajedrez en el colegio que ha ganado dos títulos mundiales
Jordi Morcillo, profesor de ajedrez en el colegio que ha ganado dos títulos mundiales

El premio más valioso, explica Morcillo, no fue el trofeo, sino la posibilidad de jugar contra el gran maestro británico Gawain Maroroa Jones, número 83 del mundo. Fue una serie de partidas a 3+2, y otra a 2+1. Liam fue capaz de ganar una partida.

¿Cuál es el secreto para mantener la calma en los momentos de apuro? «A veces lo entreno con mi padre», responde el chico. «Me quedo muy concentrado y no me pongo nervioso, porque si lo hago puedo desconcentrarme y cometer fallos o una jugada muy tonta». Cuando juega con alguien mejor que él, también parece sencillo para él: «No tengo nada que perder y lo que gano es aprendizaje, avanzar, además de intentar ganar». 

Dentro de su todavía modesta experiencia internacional, Caballero ya ha participado en un Campeonato de Europa: «Solo he ido a uno, pero me salió bastante bien», afirma. Con Marc Barceló se lleva un año de diferencia, por lo que coinciden a veces en los campeonatos. Ojalá vivamos una competencia legendaria entre ambos.

«En el campeonato de Cataluña hicimos tablas. Luego, él quedó primero y yo segundo», cuenta. Con Faustino Oro solo ha jugado al fútbol, de momento.

Entrenadores

Además de lo que aprende en el colegio, donde es el mejor de su generación, Liam Caballero estudia ajedrez con Michael Rahal y da clases en grupo con Marc Narciso. Además, los miércoles es uno de los alumnos de Ángel Espinosa en las clases que les proporciona la FEDA.

Para Jordi es una suerte evidente contar con un alumno como Liam, aunque él lo ve como algo casi natural: «Llevo 14 años en el colegio y siempre hemos dado clase de ajedrez. Al tener tantos alumnos cada año, unos cien de primero, de segundo y de tercero, al final hay de todo. Es bastante inevitable si haces más o menos un buen trabajo que te salgan alumnos con interés y con talento, como Liam, aunque quizá no de su nivel».

Liam Caballero, fotografiado por Lourdes Porta, durante unas simultáneas con Michal Krasenkow en el Open de Llobregat de 2025
Liam Caballero, fotografiado por Lourdes Porta, durante unas simultáneas con Michal Krasenkow en el Open de Llobregat de 2025

En el Hamelin-Laie, hasta el año pasado, el ajedrez era una asignatura en todos los cursos de primaria. Había unos 600 alumnos en total. «El hecho competitivo no era tan importante, porque tenían un libro, tenían examen y hacían ejercicios, pero claro, casi en cada clase jugábamos y yo, como soy jugador, disfrutaba montando torneos internos».

Este año ha habido cambios, sin embargo. «El ajedrez se ha quedado como asignatura en primero y segundo de primaria. De tercero a sexto, es una optativa. Pueden elegir entre una amplia gama, pero el ajedrez tiene bastante éxito. Está en la cultura del colegio. Está bastante integrado y al final funciona», dice Morcillo con orgullo.

El ajedrez como asignatura

¿El ajedrez debe ser una asignatura obligatoria? «Yo tenía mis dudas desde hace muchos años, pero la experiencia ha sido muy positiva. Hay muy pocos alumnos que me hayan dicho que es un rollo y pregunten para qué sirve. Y hay muchos que me dicen que echan de menos las clases, muchos que quizás no tenían ese gusanillo competitivo. Más niñas que niños, a las que les gustaba cómo introducíamos el ajedrez en el aula con un libro. También era una hora un poco de desconexión, porque después de hacer inglés, matemáticas y tal, aparece de repente un señor con una cosa que es un juego que tiene un montón de virtudes. Entraba muy bien».

¿Los alumnos que dan ajedrez se convierten en mejores estudiantes o practican ajedrez porque son mejores estudiantes? «Normalmente, aparte del nivel académico, hay otras cosas, como la motivación y la competitividad. En general, los alumnos que tienen habilidades especiales para las matemáticas tienen mejor predisposición a aprender ajedrez. Aquí tenemos un perfil de alumno de nacionalidad china. Algunos vienen al colegio y aún no hablan español, ni inglés, y de repente, simplemente con la comunicación visual del ajedrez, aprenden antes a jugar bien que a hablar español. Tienen algo genético y también tienen mucha facilidad para las matemáticas también».

Y la eterna pregunta de por qué hay menos niñas o lo dejan antes: «Supongo que es un tema de motivación y que el entorno un poco más competitivo no les gusta tanto. A veces me lo dicen, que en las competiciones hay demasiados niños, un 80 o 85 %, y que no les gusta el ambiente. Luego, hay niñas muy competitivas, pero el extremo de tirar las piezas cuando pierde, cabrearse y jugar al límite del reglamento con las niñas no lo veo apenas».

Niños profesionales

El siguiente punto que abordamos es la desventaja competitiva de los niños españoles frente a los de algunos países, donde dejan el colegio en cuanto destacan y solo se dedican al ajedrez. ¿Le gustaría a Liam una vida así? Su respuesta demuestra su inteligencia:  «Son muchas horas y ya sabes que tu futuro será ajedrez sí o sí. Porque no tienes la alternativa y si algún día dejas el ajedrez, no tendrás talento para otra cosa. Ya serás bastante mayor. Deberías hacer algo más o tener un plan B».

Liam Caballero, en otra foto de Lourdes Porta en Llobregat.
Liam Caballero, en otra foto de Lourdes Porta en Llobregat.

Por su parte, el pequeño Caballero plantea otra duda: «Tengo dos cosas, ser ajedrecista y también ser profesor de artes marciales». Es un jaque a la descubierta que me pilla desprevenido, aunque tiene una explicación sencilla. Su padre, Salvador, tiene un gimnasio y  es profesional de las artes marciales.  

«Me quedan dos cinturones para ser cinturón negro. Ya llevo siete años con el taekwondo y me gusta mucho», explica Liam, quien sigue demostrando que no es un alumno normal: «En ajedrez, no solo utiliza las nuevas tecnologías. Estoy leyendo ahora el libro de finales de Jesús de la Villa y otro de Boris Gelfand sobre ajedrez posicional». Sus jugadores favoritos tampoco son los más habituales para un niño de su edad. Cita a Anatoly Karpov y a Mijail Tal.

Tener un hijo deportista

Salvador interviene al final para comentar una queja que entenderá bien cualquier padre de deportista. «No solo pasa en el ajedrez, sino en cualquier federación. Por un lado, quizá no se están aportando todos los recursos necesarios o no están apostando tan fuerte a nivel económico para conseguir los objetivos. Sí que hay unos mínimos y esto lo están haciendo muy bien la Federación Catalana y la Española. En el caso del Liam no me puedo quejar, pero es verdad que haría falta más. Una familia tiene que gastar mucho dinero. Cualquier campeonato supone desplazamientos, gasolina, una semana o dos de competición, a veces en otro país. Si no tienes unos recursos o no dispones de una economía estable, para una familia puede ser difícil que un niño con talento pueda llegar donde debería».

«Esto pasa en cualquier deporte», añade Salvador Caballero. «El deporte competitivo es muy caro. Las familias tienen que hacer un esfuerzo tremendo en tiempo y en dinero. Luego están los entrenamientos. Cuanto más alto esté, más clases privadas. Es bastante caro, como cualquier deporte».

¿Qué te haría más ilusión, Que fuera un gran campeón de taekwondo o de ajedrez? «Yo vivo del taekwondo. Me he dedicado a ello toda mi vida. Es mi pasión y mi modo de vivir, pero al final el sueño que tenga es lo que realmente le va a hacer feliz. Yo lo dejé todo a los 17 años para dedicarme a las artes marciales. Viendo la pasión que tiene por el ajedrez, me encantaría que pudiese, como mínimo, vivir de ello. Ya no digo a nivel profesional, sino a nivel de dar clases o de tener su plataforma. El taekwondo le gusta, supongo que porque lo ha vivido desde que nació, pero donde realmente veo que saca su potencial y sus ganas de vivir es a través del ajedrez. Podría ser una etapa y cambiar en unos años, pero a mí realmente me gustaría que cumpliese su sueño».


La imagen de arriba es de Salvador Caballero, padre de Liam

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