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Fabiano Caruana desaprovechó una enorme ventaja en la tercera partida de las cuatro que tenía la final. Magnus, visiblemente cansado, logró su título número 21.
No es fácil jugar contra tu bestia negra y menos aún si se llama Magnus Carlsen. Fabiano Caruana lo tuvo contra las cuerdas en la tercera partida del Mundial de Freestyle Chess, pero no solo le perdonó la vida, sino que acabó perdiendo. La competición no tiene aún el caché de los campeonatos del mundo de verdad, pero para el americano fue durísimo desperdiciar su posible venganza. Se estrelló una vez más contra un muro impenetrable.
Caruana ha mejorado mucho a ritmo rápido, desde que perdió aquel Mundial verdadero contra Magnus en los desempates ligeros. En Weissenhaus (Alemania), Fabi logró incluso quedarse mejor de tiempo en una posición idílica, gracias también a un descuido del número uno, que ponía cara de póker (de Texas Holdem, seguramente, con su bigote sureño).

Lo cierto es que, dijeran lo que dijeran las máquinas, las cosas casi nunca son tan sencillas en la vida real y Caruana, que jugó a la perfección durante buena parte de la partida, perdió el control cuando se le acababa el tiempo. El rey vikingo esquivava campos de minas en el centro del tablero, hasta que al final fue el noruego quien condujo el ataque decisivo contra el monarca enemigo.
Carlsen, cansado
Como destacaba David Martínez en la retransmisión en Chess.com, como casi siempre acompañado por Pepe Cuenca, Magnus parecía cansado. Su juego no impresionó, aunque sí su capacidad para encontrar recursos en posición desesperada. Después de darle la vuelta a los dos calcetines de Fabi, no pudo reprimir una sonrisa, sabedor de que había estado completamente frito. Ni aun así me ganan, debió de pensar, con cierta sensación de inmunidad, que solo podemos comprender.
Veamos la única partida decisiva del duelo:
Que los dos querían ganar era evidente, pero este Campeonato del Mundo no goza del consenso popular. Miguel Illescas es un buen ejemplo de los detractores de esta modalidad: «Lo siento, no es para mí», escribía en X.
Nuevo tropiezo de Caruana
En la cuarta partida, Fabiano apareció en la sala con una losa en la cabeza. Se podía ver a distancia, como si llevara una boina. El estadounidense es un témpano, además de un ajedrecista impresionante, pero venía de sufrir un desengaño excesivo para un corazón humano.
Planteó de forma torva la forma de disparar su última bala. Necesitaba vencer con negras y jugó una apertura, si se puede llamar así, hiperfuturista, con un caballo que no paraba de saltar por el tablero mientras el resto de sus piezas observaban a distancia la maniobra.
Pese a todo, Caruana tuvo su ocasión, el tipo es duro de verdad, pero no atinó con el camino a la victoria en los apuros de tiempo. Pasada la tormenta, Carlsen buscó con desesperación las tablas: cambió todo lo que tenía a mano y llegó a un final de tablas muertas, sin cometer el error de intentar la victoria. No era el día.
Pragmático y evidentemente agotado, Magnus se aseguró su título número 21. Si mañana se inventan otra modalidad de ajedrez que no implique dedicarle demasiado tiempo, que nadie dude que volverá a ganar, mientras la FIDE se felicita por haberlo recuperado para la causa.
Y como dijo el Divis, Fabi «estuvo tan cerca que le va a costar dormir». El gran maestro aseguró justo después que «probablemente» lo habrá olvidado mañana —¡falso!—,pero que había sido «muy doloroso» —¡verdadero!–.
Otros duelos
En las otras partidas del día, Nodirbek Abdusattorov derrotó a Vincent Keymer por el tercer puesto, con lo que se clasifica para el Mundial de 2027. Hans Niemann logró clasificarse en quinta posición, al ganar a Arjun Erigaisi, mientras que Levon Aronian ganó en el Armagedón contra Javokhir Sindarov, por lo que acabó séptimo.
Además, en el encuentro femenino de exhibición, Bibisara Assaubayeva venció a Alexandra Kosteniuk, después de que su última partida terminara en tablas.
Fotos: Freestyle Chess / Stev Bonhage
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