José Fernando Blanco vuelve de la capital checa, donde hace unos días participó en un torneo de rápidas por equipos, que se juega y se bebe desde hace 40 años en memoria de Josef Čermák
El ajedrez mezcla bien con casi todo, como ya demostró el jefe en esta cumplida crónica llena de quesos (con y sin ojos). El sábado 23 de mayo fue el turno de la cebada fermentada (en adelante CF). El escenario, la mítica ciudad de Praga.
En los días anteriores al evento, comentando la visita con amigos y familiares, aprendí que todo el mundo ha estado en la capital checa y tiene una recomendación turística o culinaria relacionada con la ciudad. Yo no voy a ser menos, pero como alguien ya ha hecho ese trabajo, me limitaré a dar la referencia:
Esta web en castellano es una completísima guía, renovada con frecuencia, de lo más conocido y lo más inesperado de Praga. Además, está escrita por uno de los protagonistas de esta crónica.

Resuelta de un plumazo la difícil tarea de hablar de esta hermosa ciudad, vamos con el ajedrez y la CF. Se trataba de un torneo por equipos de cuatro jugadores, a trece rondas de partidas a cinco minutos, sin incremento (un suplicio para algunos, entre los que se cuenta este cronista). Este torneo ha contado ya cuarenta ediciones, y desde 2023 se celebra en memoria de Josef Čermák, figura central del renacimiento y la promoción del ajedrez en Praga y en toda la República Checa.
Equipo español en Praga
Este año, por primera vez, se presentó, con el nombre de Norton y sus secuaces, un equipo compuesto en su totalidad por españoles, a saber:
- Luis, residente en Madrid, M.I., vegetariano de salón, ex-campeón de la CAM y proveedor de café.
- Edu, residente en Praga, M.F., autor de la web Praga Secreta mencionada más arriba y comprador de pan.
- JF, residente en Madrid, autor de esta crónica y proveedor de jamón ibérico y sobrasada de Menorca.
- Félix, residente en Praga y autor de las tortillas y el gazpacho.
Acerca de las tortillas hubo cierto debate, como siempre que se habla de ese tema. Finalmente Félix propuso la solución salomónica de hacer dos tortillas, una solo de patatas (para Edu y JF) y otra con cebolla y calabacín (para Luis y Félix). Además, se acordó que vinieran bastante cuajadas, para que no les afectara mucho el fuerte calor de Praga en esos días.

Como extra, Félix se vino arriba y preparó también un buen gazpacho, aunque hay que decir que con los tomates que tenía era difícil hacerlo mal.

Luis llegó el día 19 y esa misma tarde ya estaba entrenando duramente con Edu para no desentonar en el torneo.

JF llegó el jueves 21 y tuvo que esforzarse para recuperar los dos días de desventaja.

Los toreros en la Maestranza se encomiendan a la Virgen del Rosario y los ajedrecistas en Praga a Steinitz.

La sala de juego se ubicaba dentro del edificio de Staropramen, fábrica de CF fundada hace más de siglo y medio. Un salón de actos de estilo un poco decadente acogió a casi 200 jugadores venidos principalmente de la República Checa, pero también de Alemania, Israel, Malta, Polonia, Eslovaquia, Ucrania y, claro está, ¡España!, todos unidos por el amor al ajedrez y a la CF.

El torneo no ofrecía grandes premios; ni siquiera era válido para Elo. Era una excusa para celebrar la perfecta comunión entre ajedrez y CF. De hecho, parte del atractivo del torneo era que cada jugador recibía dos vales para intercambiar por jarras grandes de CF. Y la mayor ovación se la llevó el anuncio de que la organización había decidido aumentar esa cifra a tres.

Por lo demás, muchos participantes, en su mayoría locales, consumieron sus vales antes incluso de que empezara el torneo, como muestra la foto que encabeza este artículo, tomada casi una hora antes de la primera ronda (se respeta el anonimato de los implicados). Es posible que esto les ayudara a jugar bien.
El premio principal, por supuesto, era un barril de CF, aunque en realidad solo se entrega simbólicamente para la foto (desconozco si algún equipo lo ha ganado en propiedad). Los equipos ganadores de otros años tienen sus nombres grabados en el barril.

Una de las cláusulas del torneo especificaba que los equipos extranjeros no tenían que aportar material de juego. Una manera elegante de decir que los equipos checos sí debían hacerlo. Por lo visto, esta práctica no es extraña por esos lares (tampoco es lo más habitual). El resultado es que se jugaba con una gran variedad de piezas, desde los familiares Staunton hasta los exóticos juegos, tan frecuentes de Europa Central hasta Oriente Lejano, con algunas piezas rematadas en el color opuesto. El diseño, a veces, no hacía fácil diferenciar algunas piezas.

Nuestro equipo comenzó bien, ganando las dos primeras rondas por 3-1; primero a unos peligrosos niños y después a los compañeros de equipo de Edu en Liga (Sokol Vyšehrad), que alineaban a una de las pocas (solo siete) participantes femeninas. Sobre los niños participantes, no llegamos a saber si podían recibir los vales y cambiarlos por refrescos, o si directamente los padres se quedaban con ellos.

Sin embargo, en las dos rondas siguientes solo hicimos un punto, por lo que hubo que tomar una medida drástica: sacar las tortillas. Ocupamos una mesita en una esquina del salón y desvelamos nuestra arma secreta.

Esto, junto con las dos primeras consumiciones de CF, que fueron bastante seguidas, nos permitió mejorar los resultados (11 puntos de 12 en las rondas 5 a 7), y de pronto nos vimos jugando en el tablero 3.

Fue entonces cuando supimos que los tres primeros tableros se jugaban en una salita aparte con mucho mejores vistas que el salón principal. Allí jugamos tres rondas, una en cada mesa, y recibimos algunas palizas, aunque Edu se apuntó una victoria contra un GM, a pesar de dejarse un peón en la apertura. Las demás rondas no nos trajeron muchas alegrías, y así terminamos en mitad de la tabla.
En lo particular, Luis sufrió dignamente con el 50% en el primer tablero, mientras que Edu estuvo intratable y fue el segundo mejor segundo tablero, con 10 puntos de 13, a pesar de perder una partida con pieza de más. De la parte baja de la tabla no voy a hablar (el que quiera, que lo busque en Info64).
Por lo demás, lo pasamos bien, y gracias a Edu (Félix vive en las afueras y no pudo unirse a los paseos turísticos) conocimos muchos sitios interesantes, más allá los atractivos turísticos comunes de Praga (que también vimos). Además, tomamos buena comida y, claro está, buena CF, que es de lo que se trataba.

Entrando al aeropuerto para volver a casa también se aprecia la gran afición al ajedrez que hay en la ciudad.

¿Volveremos el año que viene? Habrá que ver fechas. Estaría bien que pusieran incremento, pero eso para los organizadores suele ser un incordio. De todos modos, aunque no haya torneo, nunca está de más visitar Praga. Son solo tres horas escasas de vuelo, y teniendo la Web de Edu puedes estar seguro de no perderte nada. Eso sí, si buscas «CF» no lo vas a encontrar…





