José Candela tuvo una gran ventaja contra Eduardo Iturrizaga, pero lo dejó escapar vivo dos veces. La primera no reparó en las señales no verbales que enviaba su oponente.
Como complemento a la fantástica crónica de Jesús Seoane del abierto de Móstoles, me gustaría resaltar un detalle de una de las partidas. José Candela (2259) se enfrentaba a Eduardo Iturrizaga (2591) y lo tuvo contra las cuerdas. El lenguaje corporal del gran maestro me llamó la atención. Candela, maestro internacional, pudo ganar al triple campeón de España, pero lo dejó escapar vivo dos veces. No siempre el pez grande se come al chico, aunque este cuento terminara como casi todos.
Hay ajedrecistas que no dejan traslucir sus emociones y otros incapaces de esconder sus latidos, como la rana de cristal. Los jugadores de póker lo saben bien y se protegen, pero en ajedrez no es costumbre, quizás porque pocos se fijan demasiado en el rival, salvo los niños. Boris Spassky era famoso por su imperturbable gesto, incluso en las raras ocasiones en las que se dejaba algo. Candela no estuvo atento y omitió la preocupación de Iturrizaga, que lo pasó realmente mal durante la partida.

Al principio, Itu parecía confiado. El subcampeón europeo de blitz era claro favorito y nada hacía pensar que sufriría tanto. La partida sería larga y se resolvería en un final agónico.

José Candela apretaba y el ajedrecista nacido en Venezuela empezaba a clavarse, intentando resolver los problemas que le planteaba el madrileño. Su cuerpo empezaba a dar señales. El lenguaje corporal rara vez engaña, aunque hay jugadores que practican el arte de la actuación. No era el caso.

En la siguiente fotografía, vemos que Iturrizaga ya ha metido una torre en séptima, pero va algo más retrasado en el reloj y tiene un peón de menos. Candela amenaza con e4, para liberar su alfil. ¿Se le ha metido algo en el ojo a Eduardo?

Poco después, el caballo y el alfil desaparecen. Iturrizaga penetra con sus dos torres en territorio enemigo, pero entonces comete un error. En su afán por mantener la presión sobre el peón de b4, ofrece un cambio que no le favorece. José Candela no se da cuenta, absorto en sus cálculos. Rechazará la oportunidad y moverá su torre a d1, preparando un intercambio que tampoco es mal negocio. Es posible que Txb2 no fuera ganadora, pero seguida de a5, habría llegado a un final ventajoso, sin ningún riesgo.
Final de estudio
Lo comenté después con Candela, que me dijo que, en efecto, había un Ta4 de estudio que le habría dado la victoria. No estoy seguro de que funcionara, pero incluso con líneas más sencillas el cambio de torres era más que prometedor. En todo caso, esto no es una discusión técnica, sino humana.
En la siguiente fotografía vemos a Itu tapándose la boca. Y como se ve en la imagen que encabeza este artículo, lanza alguna mirada furtiva a su rival, que sigue pensando, ajeno a lo que ocurre fuera de las 64 casillas. El ajedrez no solo se decide dentro del tablero.

Después de dejar pasar esta ocasión, José Candela jugó muy fino y llegó a tener la partida completamente ganada, pero la tiró en una jugada, presionado por los apuros de tiempo y la ambición de su rival, que incluso estando peor jugó siempre a ganar. Itu quedó tercero en la clasificación final.

«Ever tried, ever failed, no matter. Try again, fail again, fail better». Iturrizaga no es el único que se la tatuó la frase de Samuel Beckett en el brazo. El tenista Stan Wawrinka también lo hizo. Hay muchas traducciones aceptables. En este viejo artículo explicaban bien la cita y sus orígenes: «Lo intentaste. Fracasaste. Da igual. Prueba otra vez. Fracasa otra vez. Fracasa mejor».
Y si puede ser, esconde mejor tus emociones cuando estés jugando.
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