Seguimos con la colección de libros pendientes. Hoy, cedemos la palabra a Adolfo Santos para que nos hable de su obra. La califica como «realismo crudo» y la considera «especialmente apta para los amantes del ajedrez».
Voluntad atómica es realismo crudo y eso lo aleja millas de la autoayuda barata. Se ve a kilómetros que el autor tiene problemas, como todos, solo que te los cuenta. No te está hablando desde un trono o un púlpito, como tantos libros, donde parece que el escritor es «Dios» y el lector «un plebeyo» que tiene que venerarlo.
No, Adolfo vive sus problemas como el mayor problema mundial, como todos. Quizá por eso su realismo crudo, sin maquillaje, empatiza con el lector, porque es un igual, no es ni más ni menos, es una persona normal que te cuenta cosas que no suelen confesarse abiertamente, pero por las que antes o después todos pasamos en más o menos grado.
Por suerte, en los siete años que tardó en gestarse Voluntad atómica, se nota que ese realismo crudo, se convirtió en amable. Pasó de la queja a agradecer más, y eso «se palpa» en la obra y hace más digerible el libro. Nadie quiere a un escritor que va de sobrado o que parece que tiene la respuesta para todo ni a un quejica de manual. No.

Dicho esto, el autor se muestra como un cenizo de manual, porque lo fue muchos años y todavía hoy sigue siéndolo, aunque parece que mucho menos. Ya es la excepción la queja, no es la norma. Y eso gusta, que notes a alguien divirtiéndose mientras te cuenta «sus dramas» conecta con el lector. Y eso, insisto, se agradece.
Esa extraña mezcla de realismo crudo y amable y diversión da una potencia enorme a una obra que no pretende ser Camilo José Cela ni lo es, aunque sí que la forma de narrar se parece a Jaime Gil de Biedma, por supuesto, bajándole el nivel. O a Charles Bukosky por su crudeza, o a Miguel de Unamuno por su locura, o a Isra Bravo por la diversión, o al prologuista Víctor Küppers por la amenidad e ironía que destila el texto.
Insisto, bajándole el nivel en todos los casos, se nota que el tipo es disléxico y que el sujeto, verbo y predicado se lo pasa por donde yo te digo, pero mira, lo agradezco. Sentir en sus carnes y desde su verdad que hay solución para nuestros problemas, pero sin atajos, me atrapa e inspira. Sin venderme motos que no existen, es capaz de mostrar una dosis de esperanza en quien le lea. Y eso hace muy, muy diferente a este libro con otros del género del crecimiento personal, que es donde más podría encasillarse a Voluntad atómica.

He dicho ya que no queremos a alguien que nos de respuestas para todo. Pero sí que nos gusta palpar caminos de vida honestos y que transmiten verdad y que nos hacen pensar en las soluciones, que tú, que todos sabemos, pero no vemos a veces y que libros como este nos ayudan a encontrar o a recordar cuando ya hemos olvidado el camino que nos iba bien a nosotros.
No sé, es raro lo que tiene este libro, sin pretender ir de solucionador de tu vida porque no te conoce, logra ayudarte y dar con tu tecla y eso eleva la capacidad de ayudar de Voluntad atómica.
Además, es especialmente apto para los amantes del ajedrez y sin los tecnicismos del libro de Garry Kasparov de Cómo la vida imita al ajedrez. (Usa una metáfora maravillosa para mostrar los paralelismos entre el ajedrez y la vida que tendrás que descubrir).
Voluntad ajedrecística
Te adelanto que tener al ajedrez como hilo conductor y que hay personajes pululando del mundo de las sesenta y cuatro casillas (Kasparov, Anand, Carlsen, Caruana, Lasker, Polgar, Cramling, Spassky…) que muestran relaciones personales y laborales cotidianas, que son personas de carne y hueso que ayudaron a Adolfo en este proceso lento y gradual de cambio personal, hace muy entretenido este libro.
Aprender a pensar mejor y a decidir con más criterio, saber perder, rodearte bien, conocer tus limitaciones, saber decir qué no, aceptar, relativizar, agradecer, cuidar de lo importante, tener palabra, ser respetuoso, prepararte al máximo, divertirte en lo que hagas, cuidar tu energía, creer en ti, quererte o construir una voluntad atómica, forman parte indisoluble de estas páginas. Porque sí, la vida y el ajedrez están muy unidos, más bien no pueden separarse.
Prepárate para pensar un buen rato en tus cosas, las que más te importan. Este libro te ayudará a ese fin.
Si has llegado hasta aquí, apenas te costará unos segundos más suscribirte a Damas y Reyes, con lo que ayudas a que esta página siga siendo gratuita, no tenga publicidad invasiva y esté actualizada con frecuencia.




