Diego Rasskin

Juegos de mesa, cerebro y belleza

Diego Rasskin ha investigado la evolución de unos juegos que no son simples pasatiempos, sino herederos directos de prácticas rituales ancestrales de clasificación y adivinación. Si te atrae este campo apasionante, tu lugar es el Ateneo de Madrid (8 de mayo a las seis de la tarde).

El jueves 8 de mayo, a las 18:00, Diego Rasskin Gutman presentará su investigación sobre la historia natural y antropológica de los juegos de mesa, en un acto organizado por la Sección de Ciencia y Tecnología del Ateneo. Presentará Isabel Fuentes y participarán en la conversación Angela D. Buscalioni y Emiliano Bruner.

Cartel que anuncia la charla de Diego Rasskin en el Ateneo de Madrid
Cartel que anuncia la charla de Diego Rasskin en el Ateneo de Madrid

¿De dónde vienen los juegos de mesa? ¿Por qué nos fascinan? ¿Qué tiene que ver el ajedrez con un chamán trazando un círculo en el suelo hace cinco mil años? Estas son algunas de las preguntas que guían esta investigación, una propuesta transdisciplinar que conecta biología evolutiva, antropología, filosofía estética y neurociencia, nada menos.

Coordenadas

De entrada, dejemos claras los datos básicos, para que no se pierda nadie.

Título: Evolución de los juegos de mesa: un viaje lúdico-antropológico a los orígenes de la experiencia estética.

b Salón Ciudad de Úbeda del Ateneo de Madrid (Calle del Prado, 21).

Protagonistas: Ángela D. Buscalioni, paleontóloga emérita de la UAM y directora del Centro para la Integración de la Paleobiología, y Emiliano Bruner, investigador en paleoneurobiología en el Museo Nacional de Ciencias Naturales (CSIC, Madrid) y especialista en la evolución del cerebro humano. 

La entrada es libre hasta completar aforo.

Quién es Diego Rasskin

Por si algún despistado no lo conoce, Diego Rasskin (Buenos Aires, 1967) es uno de esos seres singulares, como Juanjo Gómez Cadenas —con quien lo vemos en la foto de debajo—, que reparten su talento entre el ajedrez y la ciencia. Rasskin es investigador y profesor de Biología Teórica en la Universidad de Valencia, un divulgador muy respetado y un experto en la relación entre el ajedrez y los sistemas complejos.

Diego Rasskin con Juanjo Gómez Caadenas (izquierda) y el gran maestro Alexis Cabrera. De los juegos de mesa, eligieron el mejor
Diego Rasskin con Juanjo Gómez Caadenas (izquierda) y el gran maestro Alexis Cabrera

Rasskin también es autor de varios libros. Si no nos alejamos demasiado del ajedrez, podemos destacar Metáforas de ajedrez: la mente humana y la inteligencia artificial y Todos los mundos el mundo, que tuve el honor de prologar.

Mucho más que pasatiempos

Su tesis central es que los juegos de mesa no son simples pasatiempos, sino herederos directos de prácticas rituales ancestrales de clasificación y adivinación. Como el propio Rasskin explica en sus trabajos, el tablero de juego desciende del llamado «círculo mágico», que los chamanes trazaban en el suelo para intentar comprender mejor la naturaleza. En ese círculo dividido en cuatro cuadrantes (los cuatro puntos cardinales) se hacían preguntas con varillas o huesos astrágalos. Con el tiempo, el ritual se transformó en juego, las reglas de actuación se convirtieron en reglas del juego. La finalidad ancestral, el conocimiento, se ha perdido o incluso olvidado.

Esta transformación no es trivial. Los tableros modernos conservan una geometría cargada de simbolismo: los cuadrados del ajedrez remiten al templo y a la tierra; la espiral del juego de la oca evoca el camino; los triángulos del backgammon simbolizan las constelaciones del zodiaco. El tablero de ajedrez, procedente del ancestral ashtapada hindú, simboliza un templo donde se lleva a cabo una contienda, de origen cósmico, entre el bien y el mal, entre dioses que se complementan y se destruyen, para volver a reconstruir la posición original.

Otra imagen de Diego Rasskin, casi siempre cerca de algún tablero de ajedrez
Otra imagen de Diego Rasskin, casi siempre cerca de algún tablero de ajedrez

Rasskin va más allá del simbolismo cultural y profundiza, en última instancia, en la «experiencia estética» que produce el juego y su anclaje biológico. Jugar al ajedrez —o a cualquier juego de mesa capaz de atraparnos— activa los mismos circuitos cerebrales que contemplar una obra de arte o quedarse boquiabierto ante una noche estrellada. Se trata del sistema dopaminérgico de recompensa: cuando encontramos un patrón armonioso en una posición de ajedrez o ejecutamos un movimiento brillante, se liberan grandes cantidades de dopamina que refuerzan el comportamiento y nos motivan a buscar nuevamente la misma experiencia estética.

La suspensión del tiempo

Todo ello desemboca en lo que Rasskin llama el estado de flujo: esa absorción total en el juego que nos hace perder la noción del tiempo. La corteza insular del cerebro, sede de la interocepción y de la conciencia, se sobreactiva durante la experiencia estética, produciendo lo que el neurocientífico A.D. Craig denominó «momentos globales emocionales» que dilatan la percepción temporal. «Mientras se juega, se es eterno», concluye Rasskin.

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2 comentarios en “Juegos de mesa, cerebro y belleza”

  1. J.J. Gomez-Cadenas

    Una conferencia a no perderse. Diego Rasskin explica como nadie de qué hablamos cuando hablamos de ajedrez (sí, también hablamos de amor… ).

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